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Ajuste con hambre: recortan el PAICOR en las PROA mientras los chicos pasan hasta 12 horas sin comer

La Provincia reduce prestaciones alimentarias en escuelas de jornada extendida en medio del conflicto docente. En Paravachasca, donde el transporte es limitado, la decisión impacta de lleno en estudiantes que pasan casi todo el día fuera de sus casas.

El recorte en el sistema alimentario escolar vuelve a poner a la educación cordobesa en el centro de la discusión, pero esta vez por una decisión que golpea en lo más básico: la comida. En las escuelas PROA, donde la jornada se extiende entre ocho y nueve horas, comenzaron a registrarse reducciones en el esquema del PAICOR, el programa que históricamente garantizó desayuno, almuerzo y merienda para los estudiantes.

La medida llega en un contexto ya tensionado por el conflicto docente, donde los reclamos no se limitan a lo salarial sino que incluyen condiciones de trabajo, infraestructura y recursos para sostener la tarea educativa. En ese escenario, el ajuste en la alimentación no aparece como un dato aislado, sino como parte de una lógica más amplia.

Un sistema pensado para contener, hoy en retroceso

El modelo PROA fue diseñado con una premisa clara: extender la jornada escolar implicaba también garantizar condiciones mínimas para que los estudiantes pudieran sostenerla. No solo se trataba de más horas de clase, sino de acompañar ese tiempo con alimentación adecuada dentro de la institución.

Por eso, la provisión de desayuno, almuerzo y merienda no era un complemento, sino un componente estructural del sistema.

El recorte en ese esquema rompe ese equilibrio. Y lo hace en un momento donde, además, la situación económica empuja a más familias a depender de la escuela como espacio de contención.

Paravachasca: cuando la distancia agrava el ajuste

En el Valle de Paravachasca, el impacto es aún más profundo. No se trata solo de lo que ocurre dentro de la escuela, sino de lo que pasa antes y después.

Las frecuencias de transporte son escasas y muchas veces ineficientes. Hay estudiantes que tardan hasta tres horas en regresar a sus hogares, combinando caminatas, esperas y trasbordos. En ese contexto, la reducción de las prestaciones alimentarias implica que algunos chicos pueden pasar más de 12 horas sin acceso a una comida adecuada.

No es una exageración: es la consecuencia directa de una decisión tomada sin contemplar la realidad territorial.

El ajuste donde más duele

Mientras la discusión pública se centra en porcentajes salariales y números macroeconómicos, el recorte en el PAICOR expone otra dimensión del ajuste: la que impacta directamente en la vida cotidiana de los estudiantes.

En zonas como Paravachasca, donde los ingresos familiares son bajos y el acceso a servicios básicos es desigual, la escuela cumple un rol que va mucho más allá de lo educativo.

Reducir la alimentación en ese contexto no es solo un recorte presupuestario: es una decisión política que redefine prioridades.

Docentes en conflicto, estudiantes en el medio

El conflicto docente en Córdoba viene marcando una agenda cargada de reclamos que incluyen no solo el salario, sino también las condiciones reales en las que se enseña. Aulas deterioradas, falta de recursos y sobrecarga laboral forman parte de un escenario que se agrava con este tipo de medidas.

En ese marco, el ajuste en la comida escolar no hace más que profundizar una sensación de abandono que ya venía creciendo.

Porque cuando el sistema empieza a fallar en lo básico, lo que está en juego no es solo la calidad educativa, sino la garantía misma de derechos.

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