De “escuela modelo” a comedor recortado: la mitad de los estudiantes quedó afuera del PAICOR en la PROA de Alta Gracia
Mientras asume un nuevo ministro de Desarrollo Social con base en la ciudad, la Provincia reduce un 50% las raciones en una escuela de jornada extendida. En plena crisis alimentaria, hay alumnos que pasan más de 12 horas sin comer.
La decisión de recortar a la mitad el acceso al PAICOR en la escuela PROA de Alta Gracia expone una contradicción difícil de sostener: el mismo sistema que fue presentado como emblema de la educación pública hoy deja a parte de sus estudiantes sin una de sus condiciones básicas, la alimentación.
El ajuste llega en un momento crítico. Las familias atraviesan un deterioro sostenido del poder adquisitivo, con caída en el consumo de alimentos esenciales como carne y lácteos, y con ingresos que no logran acompañar el costo de vida. En ese contexto, reducir raciones en una escuela de jornada extendida no es un recorte más: es una decisión que impacta directamente en la salud y el rendimiento de los estudiantes.
Una jornada larga sin comida garantizada
Las escuelas PROA funcionan con una lógica de permanencia prolongada: entre ocho y nueve horas diarias dentro de la institución. Ese esquema siempre estuvo acompañado por la garantía de desayuno, almuerzo y merienda como parte integral del modelo.
Hoy, con el recorte del 50% en el acceso al PAICOR, esa premisa se rompe. En la práctica, hay estudiantes que pasan gran parte del día escolar sin alimentación, y que además deben enfrentar tiempos de traslado extensos para volver a sus hogares. En algunos casos, la jornada completa —entre escuela y viaje— supera las 12 horas sin acceso regular a comida.
El contraste con el relato oficial
La escena contrasta con la foto de 2023, cuando la escuela PROA fue inaugurada como una “nave insignia” de la educación de calidad. En ese acto estuvieron el entonces gobernador Juan Schiaretti, el intendente de Alta Gracia, Marcos Torres, y su hermano Facundo Torres, por entonces ministro de Gobierno provincial.
El mensaje era claro: más horas de clase, más oportunidades y mejores condiciones para aprender.
Tres años después, el escenario cambió de forma drástica. El sistema sigue siendo el mismo en términos de exigencia horaria, pero ya no garantiza lo básico para sostenerlo. Muchos señalan, Martin Llaryora, viene a desarmar muchos emblemas que el cordobesismo levanto durante tantos años de gestión y con diferentes figuras en la conducción.

Un recorte que también es político
El dato adquiere mayor peso en el actual contexto político. Marcos Torres, ex intendente de Alta Gracia, acaba de asumir como ministro de Desarrollo Social de la Provincia, el área directamente vinculada a la implementación de políticas alimentarias como el PAICOR.
La reducción de raciones en una escuela de su propia ciudad no solo interpela la gestión provincial, sino también su nuevo rol.
Porque el problema no es únicamente presupuestario: es de prioridades.
Cuando el ajuste entra por el comedor
El recorte en la alimentación escolar no puede analizarse de forma aislada. Se da en paralelo a un conflicto docente activo, donde los reclamos incluyen no solo mejoras salariales, sino también condiciones básicas para enseñar y aprender.
En ese marco, la reducción del PAICOR profundiza una tendencia preocupante: el ajuste empieza a aparecer en los lugares más sensibles del sistema educativo.
Porque cuando una política pública deja de garantizar la comida en una escuela de jornada extendida, lo que está en discusión ya no es solo la calidad educativa.
Es el sentido mismo de la educación pública.
