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Nafta en alza: subas constantes en el último mes y un acumulado que no se detiene

Los combustibles registraron aumentos sostenidos durante marzo impulsados por impuestos y el contexto internacional. En lo que va de 2026 acumulan cerca de un 10% y, desde la asunción de Javier Milei, el incremento supera ampliamente los dos dígitos largos.

El precio de la nafta volvió a ubicarse en el centro de la escena económica. Lejos de los aumentos bruscos de otros momentos, el actual esquema combina subas más moderadas pero constantes, que terminan generando un impacto acumulado significativo en el bolsillo.

Durante el último mes, los combustibles registraron incrementos por distintas vías. Por un lado, el Gobierno nacional aplicó actualizaciones en los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, que impactan directamente en el precio final.

A esto se sumaron ajustes derivados del contexto internacional, particularmente la suba del precio del petróleo, que comenzó a trasladarse a los surtidores con aumentos en torno al 3,5% al 6% en marzo, según distintas mediciones del mercado.

El resultado es un esquema de actualización permanente:
sin “saltos” fuertes, pero con subas continuas.

El acumulado del año

Los datos más recientes muestran que en lo que va de 2026 la nafta acumula aumentos cercanos al 9,6%, con una fuerte aceleración en marzo.

En términos concretos, el litro de nafta súper ya supera los $2.000 en los principales centros urbanos, consolidando una tendencia que impacta de lleno en transporte, logística y costos generales de la economía.

Desde la asunción de Milei

Si se amplía la mirada, el proceso es más profundo. Desde diciembre de 2023, con el inicio del gobierno de Javier Milei, el precio de los combustibles experimentó una recomposición acelerada, en línea con la quita de subsidios y la actualización de precios relativos del sector energético.

Distintos relevamientos ubican el incremento acumulado muy por encima del 200% en ese período, como parte de un proceso de “sinceramiento de precios” que impactó en toda la estructura de tarifas.

Este esquema responde a una decisión de política económica: trasladar progresivamente los costos reales al consumidor, reduciendo la intervención estatal en los precios.

Una lógica que cambia, un impacto que persiste

El modelo actual busca evitar shocks bruscos y reemplazarlos por ajustes graduales. Incluso desde el sector energético se reconoce la intención de “suavizar” los aumentos para dar previsibilidad.

Sin embargo, el efecto acumulativo sigue siendo el mismo:
la nafta aumenta de manera sostenida y constante.

Y en economías regionales como las del interior —donde el transporte es central— el impacto no es solo individual, sino estructural.

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